Experiencias cercanas a la muerte

Bill Wiese, en su propia casa, tuvo una experiencia cercana a la muerte que cambió su vida para siempre. Tras esta vivencia se convirtió al cristianismo. Escribió un libro titulado 23 Minutos en el Infierno en el que relata su experiencia. Su objetivo es mostrar a la gente que el infierno es real y que solo a través de Jesús las personas pueden salvarse.

Portada del libro de Bill Wiese

Bill llega al infierno

La experiencia sucedió un domingo a las 3:00 de la madrugada. Bill relata que de repente salió de su cuerpo y fue arrojado directamente al infierno. En principio no sabía dónde se encontraba ni cómo llegó allí. Se vio acostado en el suelo de una celda con paredes hechas de piedra y cuya puerta tenía barrotes. Estaba rodeado de una total oscuridad. Comenta Wiese que “hubo luz en aquel cuarto por un breve instante y creo que la presencia del Señor estaba allí para que yo pudiera ver aquel escenario. Pero luego todo volvió a oscurecer”.

En el interior de la celda pudo ver a cuatro horribles criaturas, que más tarde supo que eran demonios. Esos seres medían entre tres y cuatro metros de altura. Menciona Wiese, en una conferencia, que “Todos los demonios eran escamosos. Uno de ellos tenía escamas por todo su cuerpo y mandíbulas gigantes que sobresalían con unos enormes dientes y ojos hundidos. Era realmente enorme. El otro era horrible y tenía unas aletas bien afiladas por todo su cuerpo. Tenía unos brazos largos, fuera de proporción, al igual que sus pies, y todo en él era deforme, torcido y fuera de simetría. No había simetría. Un brazo largo, un hombro…, era una criatura horrenda, muy horrenda”. Wiese afirma que Keneth Heagan, quien también tuvo una experiencia cercana a la muerte en el infierno, vio al mismo ser de las aletas.

Recuerda Bill que los demonios odiaban y maldecían a Dios y él se preguntó por qué. En ese momento, las criaturas focalizaron su odio en él y Bill desconocía el motivo ya que no les había hecho nada. Wiese se percató de que esos seres estaban allí para torturarle. Menciona que en el infierno las sensaciones se agudizan y existe una mayor consciencia que en el plano terrenal.

 

Los demonios del infierno torturan a Bill

Wiese estaba tirado en la celda sin poder moverse. No tenía fuerzas para hacerlo. Hacía un calor muy intenso y sofocante. Uno de los demonios lo levantó y con furia lo arrojó contra la pared. Notó que cada uno de sus huesos se rompía y sintió un intenso dolor. Tirado en el suelo clamaba misericordia, pero esos seres eran incapaces de tener piedad.

Otro de ellos lo levantó y el ser de las aletas rasgó su carne. Percibía ese odio tan intenso que sentían hacia él pero seguía sin entender la causa. Tampoco comprendía como seguía vivo después de esos ataques. La carne colgaba de su cuerpo en hilachas, pero no había sangre.

Esas criaturas eran muy fuertes y él estaba a merced de ellas. Los demonios rigen la vida de las personas en ese lugar. El olor en el ambiente y el que despedían los demonios era insoportable. Bill define que “es como el olor de la carne quemándose, a sulfato, así era el olor de los demonios. Era como una alcantarilla abierta, como carne podrida o huevos podridos y leche dañada, y todo lo que usted pueda imaginar, solo que mil veces peor”.

En la tierra sería imposible vivir en esas condiciones, pero en el infierno la tortura hay que soportarla eternamente. Se trata de un lugar horrible, cruel y miserable. Los demonios se dedican a odiar, maldecir y torturar. Es imposible huir de esa situación.

 

Visiones fuera de la celda

Después de las torturas quedó tirado en el suelo de la celda. En un momento, una total oscuridad se apoderó del lugar. Bill se arrastró hacia la puerta y salió de la prisión. Una vez afuera, miró a su alrededor, pero todo eran penumbras. Solo se escuchaban gritos ensordecedores, que resultaban insoportables, aún cubriéndose los oídos podían escucharse. Afirma Bill que eran “billones de personas gritando en ese lugar”. En el infierno es posible conocer cantidades, medidas, profundidades y distancias.

En ese lugar no hay presencia de Dios. Quienes están ahí deben soportar el miedo, el tormento, la soledad, la total oscuridad y la incertidumbre de no saber en qué momento aparecerán las criaturas y los daños que han de infligirles. Las personas se encuentran desnudas, teniendo que soportar la vergüenza de su desnudez. El calor es sofocante y la sed es desesperante.

Tras recorrer diez millas vio un enorme hoyo que medía tres millas de ancho. Del interior del agujero salían enormes llamaradas de fuego. Gracias a la luz que emitían las llamas, pudo ver ligeramente lo que había a su alrededor. Todo el entorno era color marrón, solo existía desolación, tristeza, odio. Un lugar en el que no hay vida ni agua.

 

Más visiones aterradoras

Mientras contemplaba horrorizado el lugar, un demonio lo capturó y lo llevó de regreso a su celda. Una vez allí, otro demonio quería apretar su cráneo, y un tercero trató de aplastar su cabeza. Bill gritaba e imploraba misericordia, pero era en vano.

En ese momento, sintió como una fuerza lo sacaba de la celda y volvía a colocarlo a la orilla del agujero con llamas. Estaba debajo de una caverna gigante de la que salía una especie de túnel hacia arriba. Estando frente al fuego pudo ver entre las llamas cuerpos de personas. Se estaban quemando, gritaban e inútilmente clamaban por misericordia. Bill ya no quería estar allí, todo aquello resultaba insoportable, pero salir resultaba imposible.

Vigilando el borde del agujero había una criatura enorme que empujaba de nuevo al fuego a aquellos que trataban de salir. En el infierno todo ocurre al mismo tiempo, se siente calor, sed y hambre. Las personas allí también sienten mucho sueño y una gran necesidad de dormir, pero no pueden. En ese momento Bill supo que el infierno estaba en el centro de la tierra, a 3,700 millas de profundidad.

Desde su posición vio a muchos más demonios alineados a lo largo de los pasillos. Tenían distintas formas y tamaños y todos eran horribles y deformes. Vio enormes arañas de casi un metro de altura, ratas, gusanos, serpientes y todo tipo de criaturas abominables. Algunos de los demonios estaban encadenados a las paredes. Sentía ese terrible odio que los demonios le profesaban.

La presencia de Jesús

En un momento, comenzó a ascender a través del túnel. El terror que sentía era indescriptible. Bill afirma que lo peor en el infierno es que en ese lugar no existe la esperanza. Él comenta que en la tierra, hasta en las peores situaciones existe esperanza. Menciona que incluso en los campos de concentración la había, era la esperanza de salir o incluso de morir y terminar con el tormento. Pero en el infierno, la gente sabe que nunca saldrá de allí y el tormento será eterno.

En esos momentos Bill pensaba en su esposa y en que nunca podría salir de allí y volver a estar con ella. De repente, mientras subía por el túnel, una brillante luz iluminó todo el lugar. Vio la silueta de un hombre, pero no podía ver su rostro, supo que se trataba de Jesús y dijo ¡Alabado sea el Señor!  Cayó de rodillas y comenzó a alabarlo y a agradecerle que lo sacara de allí.

En ese momento el pensó Señor, ¿por qué me enviaste a este lugar? Jesús, que escuchó su pensamiento le respondió “Porque la gente no cree que este lugar existe, aún algunos de mis hijos no creen que este lugar es real”.

Bill quedó asombrado ante estas palabras, pues pensaba que todos los cristianos creían en el infierno. Wiese preguntó Señor, ¿por qué me escogiste a mí? Pero Jesús no respondió su pregunta, solamente le dijo “ve y diles que yo odio este lugar, que no es mi deseo que uno de mi creación vaya a este lugar, ninguno. No hice esto para el hombre. Esto fue hecho para el diablo y sus ángeles. Tienes que ir y decirles. Te he dado boca para hablar, tú ve y diles”.

Bill pensó “Señor, ellos no me van a creer; ellos van a pensar que estoy loco o que tuve un sueño malo”. Jesús le respondió “No es responsabilidad tuya convencerlos, sino del Espíritu Santo. Tú ve y diles”.

Después Bill le preguntó a Jesús, Señor, ¿por qué estas criaturas me odian tanto? Jesús cálidamente le respondió “porque tú estás hecho a mi imagen y ellos me odian a mí”. Wiese comprendió entonces el significado de las palabras de Jesús. En una conferencia mencionó que “el diablo no puede hacer nada contra Dios, él no puede herir a Dios como tal. Pero él puede dañar a su creación. Y es por eso que el diablo odia a la humanidad, los engaña, los lleva al infierno, les inflige enfermedades, todo lo que pueda hacer para dañar la creación de Dios”.

Wiese se sentía feliz ante la presencia de Jesús. Afirma que Cristo le permitió sentir un poquito de ese amor que él siente hacia la humanidad y un poquito de la tristeza que siente cuando una persona va al infierno. Después miró hacia abajo y vio a los aterradores demonios, que desde esa altura se veían diminutos. Maravillado pensó ¡Oh, Señor, son simples hormigas! Jesús le respondió “Solo tienes que atarlos y echarlos fuera en mi nombre”.

El ascenso comenzó a ser a mayor velocidad, hasta que Bill se percató que estaban en el espacio y pudo ver el globo terráqueo. Desde niño siempre había deseado ver la tierra y supo que Dios concedió su deseo, le había dado ese regalo al salir del infierno. Lo último que Jesús le dijo fue “también diles que volveré muy pronto”. Inmediatamente después despertó en su casa. Desde esta experiencia, que cambió su vida trascendentalmente, Bill se ha dedicado a contar su vivencia y a predicar el Evangelio a todo aquel que desea escucharle.

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